Varios
troncos de radal arden en el hogar, decididos a repeler el
frío. Agosto sale del baño. Tira al fuego otros dos leños. Ya
echado sobre el sofá, fija la mirada en el patio colonizado por alerces y lengas. Contempla su
alrededor. Toma un lápiz y empieza a dibujar garabatos. En
la cocina, Miri amasa mientras su cuerpo se mueve
evaporando volutas de oxitocina. Pasan los minutos en el más calmo de los
silencios. Cuando termina, toma la masa uniforme y la coloca en una fuente. La ubica
cerca del fuego. “No tan cerca”, piensa, y la corre unos
centímetros. Agosto sigue su parábola con la mirada. Luego vuelve a
concentrarse en el papel: detalles de hojas, tallos y brotes habitan la
composición.
-¿Sabías
que los alerces viven más de 2600 años? - comenta.
-No sabía
que vivían tanto -contesta ella. -¿Vamos
a caminar?
Agosto asiente. Miri lo
besa. Luego tapa la masa y la aleja otro poco mientras él toma las
camperas y un porro. Por un rato dejan atrás la cabaña y se
encaminan por un sendero donde tienen como testigos silenciosos a cientos de
árboles milenarios.