PARTE I

Una mujer y un hombre traspasan la puerta y el olor a encierro del bar. Ella es Miri y no puede esconder su ansiedad. Tavo, su marido, solo la sigue. Miri choca con una mesa vacía. Coloniza la que sigue, inmediata al escenario, lejana al ingreso y la fluorescencia del letrero que en falso neón invita a la salida.  
Son las diez y cuarto de la noche y solo veinte entusiastas se desparraman por las mesas. Vinieron a ver la figura angulosa de Agosto, que por fin emerge entre el humo para fundirse con sus primeros sonidos. Miri se incorpora extasiada. Tavo, respira inerte.  
La primera parte del show apenas permite diferenciar canciones. Miri exagera aplausos, grita entusiasta, pero nadie la acompaña. A su lado, Tavo mira aburrido al artista o al matafuego del fondo, le da lo mismo. Algunos pocos sostienen todavía la esperanza de entender a Agosto y su truco. Mientras el desencanto crece por lo bajo, ella sostiene el mito. Fue una suerte de enfermera cuando Agosto era dueño de una época. Un ángel omnipresente, aunque él rara vez lo recordara. 
Sobre la tarima improvisada, Agosto sigue disparando secuencias. Ataca su sintetizador y asfixia en FA las melodías. En trance controlado, balbucea frases, palabras y letras mientras machaca el piano eléctrico con sus manos plug estéreo. Miri nada en éxtasis a pesar que hits como “Análogo” y “Baño en el Rubicón” se desinflan. En una mesa al fondo, tres hombres carnosos vacían un ron y se llenan de impaciencia. Montan su propio espectáculo, entre voces alzadas y carcajadas. Uno suelta un comentario lascivo a la moza. Otro 
-¡Una que sepamos todos!  
-No se entiende una mierda -dice el tercero.  
Miri monta guardia exhibiendo el filo de su mirada. Agosto ensimismado en su loop, inocula el aire de sonidos.  
Tocá un rocanrol, pelotudo! -enciende el primer hombre.  
-¡Dale Setiembre! -aportan desde otra mesa.  
El público ríe. Tavo apenas distrae los ojos para ver a su mujer agarrar el Blue Curaçao del cuello. Miri hace volar la botella, que dibuja círculos de líquido azul por el aire. El envase da en la cabeza del gracioso. Estalla, y los carnosos no ríen. Se va todo al carajo. 
Amenazas, golpes y más botellas rotas. mientras uloop abrumador queda rebotando en el ambiente. Una silla vuela y dos hombres intentan contener a MiriCon su tamaño breve, Agosto se escurre por el medio de la bataola. Solo lo acompañan la secuencia de sonidos repetidos, un charco de Curaçao que crece y avanza violáceo, y la mirada parsimoniosa de TavoAtraviesa el cartel en falso neón. Se pierde en esa noche, y en todas las que le siguen. 

PARTE II 


La lluvia de la pantalla sobresalta a MacedonioLitchbaum gira su spinner mecánicamente.
-Tiene las pilas sulfatadas -dice mostrando el control remoto-. Si no lo cortaba antes. 
-¡¿Qué no te ha gustado?! 
-A ver... tu tono es inigualable, no descubro nada. Los encuadres... ¡bien! Pero no tiene lugar en la pantalla de hoy. Es muy profundo.  
Macedonio siente que ocupa todavía menos espacio sobre la mesa.  De sus labios sale una onomatopeya llena de fastidio.  
-Cambió todo -marca el Director de programación-, ahora los contenidos son 360transmedia, multiplataforma... Si hasta tuve que rescatar el último de estos trastos -completa presionando el botón que escupe el videotape.     
-¡Ostias! Que con una historia maja… un argumento cojonudo ¡a tomar por culo los formatos! -se defiende Macedonio-. Eso no cambia, tío… tú lo sabes.  
-Ya nadie presta atención -advierte Litchbaum-. Ahora todo es impacto. ¿Compraron? ¡Fenómeno! Funcionó el “call to action”. ¿Dudaron? Perdiste. Están en otro contenido. 
La figura sucia y ajada de Macedonio se acerca al borde del escritorio con el peso del rechazo abrazado a su espalda.  
-Igual, tengo un contacto en la Municipalidad de Lamadrid -se apiada-. Podés armarle algún spot... 
Antes que Litchbaum termine la frase, Macedonio se lanza al piso. Para no perderlo de vista, Litchbaum se agacha por debajo del escritorio. Continúa: 
-Mirá que pagan bien. ¡Macedonio!  
El teléfono suena insistente. Macedonio se arrastra hacia la salida mientras Litchbaum atiende. En un acto de justicia aliviador, Macedonio riega con su orina un bonsái junto a la puerta.  
-¿Agosto, el músico? -pregunta el Director. 
Las palabras le cortan el meo Macedonio, que encara nervioso hacia la puerta.  
-¡Esperá! Tengo algo para vos -se excita Litchbaum.  


PARTE III




PARTE IV 

Bombillas blancas y frías alumbran el lugar. El espejo del camarín permanece oculto detrás de varios televisores de tubo. Macedonio permanece abstraído en una sola pantalla. Rebobina incansable una escena de hace treinta años: él y Agosto libran una batalla de egos violenta. Tironean de un premio al Mejor Videoclip, hasta que Macedonio cae al piso.  
-El bourbón tiene los méritos creativos -suelta Agosto-. Borracho patético. 
Macedonio se acerca furioso a la cámara. La lluvia en la pantalla anticipa una noche tormentosa en la que Macedonio perdió mucho más que un premio y un amigo. 
Golpean la puerta del gabicho. Macedonio rebobina la escena. Cientos de casetes de distintos formatos se acumulan por el camaríntapes con entrevistas, backstages y presentaciones en los 80. El nombre de Agosto se repite en cada uno de ellos. Insisten con la puerta. El asistente decide entrar.        
Aww! ¡Estás espléndido! -miente-. Igual hay que pasar por maquillaje 
-¿Trajiste lo que te pedí? -corta Macedonio. 
-Te lo traigo –contesta, en falta.  
Antes de cerrar la puerta, Litchbaum ingresa como gran señor.    
-¿Qué preparaste para hoy?  
Macedonio apresura el stop de la videocasetera. Con parsimonia, baja de la mesa sin responder.  
-¿Te acordás ehashtag #ApariciónDeAgosto? El que metimos en el último informe… -recuerda Litchbaum mientras dejan el camarín-. ¡Trending topic
Macedonio cierra la puerta con candado. Avanzan por los pasillos del canal. Cuando se acerca el asistente, Macedonio le quita el whiskey de la mano. Lo huele.  
-Etiqueta azul mañana. 
Litchbaum asiente. Sin detenerse, Macedonio toma varios tragos mientras escucha al Director adularlo. En el estudio, las miradas se posan sobre él y varias luces giran para acariciarlo. Su diminuta figura se expande mientras se aproxima a un sillón de cuero tamaño casa de muñecas, ubicado en el centro de la escena. Alrededor de Macedonio, el estudio hormiguea nervioso hasta que una voz grita: 
-Venimos en tres, dos, uno… ¡Aire!  
Macedonio observa extasiado la cámara que toma su primer plano. Varios metros detrás, para compensar la perspectiva, la conductora entra en cuadro. 
-Cineasta revulsivo, provocador nato y un galardonado documentalista-,  presenta la joven al tiempo que llueven los aplausos-Macedonio, la gente se pregunta, ¿dónde está Agosto?   
-Es una buena pregunta -acota. 
-Desde hace meses nos tiene en vilo su desaparición -remarca la conductora-. Tus informes para Noches Picantes” dieron las únicas pistas sobre su posible paradero 
Macedonio sonríe con un dejo de ironía.  
-Le cuento a la gente que este es mi último informe -sorprende-. El viernes debuto con “La Hora de Macedonio”. 
Solo Litchbaum parece más incómodo que la conductora y entre murmullos, no puede más que afirmar. 
-Bueno… qué sorpresa -balbucea la conductora.  
-Estoy chequeando un material… podrían ser las primeras imágenes de ese "artista" tras su desaparición. 

FINAL

[Seleccionar entre los tres posibles finales]